Gestión emocional para mentes prácticas

Cada vez que experimento una resaca emocional me planteo estrategias para recuperar el equilibrio mental. A veces, un buen baño de sol y de sal en compañía de un buen libro puede funcionar. Pero otras veces, especialmente cuando esa resaca atiende a grandes dosis de intensidad emocional, nada parece hacerme reaccionar.
Nada, salvo reflexionar para encontrar el norte vital.
Entonces busco esos pequeños placeres que suelen estar relacionados con mis reivindicaciones cotidianas. Nada extraordinario. Puede ser ver cualquier serie que saque mi lado más rebelde o directamente apagar el teléfono móvil. También puede ser escribir lo que me pasa por la barriga, que es mi cerebro dominante en estos casos.
¿Alguna vez te ha pasado que, ante la disyuntiva de hacer lo que crees que debes hacer y hacer lo que realmente deseas, te has decantado por la segunda opción? ¿Y entonces, la respuesta del universo te parece extraordinariamente generosa?
Si la respuesta es afirmativa, habrás descubierto que decidir qué hacer con nuestros pensamientos revolucionarios es una alternativa para canalizar nuestros dolores. Los del cuerpo y los del alma.
Porque cuando nos sentimos fieles a nuestros principios, parece que luego todo viene dado. De repente, todo nos resulta más fácil y fluido. Es como si el hecho de ser generosas con nosotras mismas abriera un ventanal por donde entrara el airito fresco y la luz del sol.
No se trata de escribir recetas para gestionar las emociones, sino de encontrar fórmulas que nos ayuden a conocer quiénes somos realmente, para poder atendernos y así dar nuestra mejor versión a los demás.
Es común reconocer que cuando estamos relajadas, en general, nuestro índice de tolerancia es superior. Por el contrario, cuando estamos sometidas a grandes dosis de estrés, tendemos a contar con menos paciencia para afrontar las ironías de la vida cotidiana.
Tras reflexionarlo al revés y al derecho, leer a algunos autores, escuchar a maravillosas mentes expertas y tener infinitas conversaciones con mi incondicional pareja, he llegado a la conclusión de que la gestión emocional está íntimamente relacionada con la gestión de la energía vital.
Matemáticamente hablando, sería algo así como un equilibrio:
Gestión emocional = Gestión energía vital
Esta equivalencia la podríamos llamar… PUNTO G.
Lo sé. Nunca ha sido fácil encontrar un punto G.
La clave está en 1) entender qué es gestionar emociones y 2) identificar qué es lo que necesitamos gestionar, especialmente para reconocer las variables que nos van a trastocar el equilibrio vital, y así reservarles su correspondiente energía.
- Gestionar emociones es, desde mi perspectiva: la capacidad de ordenar todas las emociones, colocarlas en su sitio y tratar de mantenerlas en su lugar el máximo tiempo posible, sin sufrir demasiado por el camino.
En términos generales, ordenar quiere decir reconocer cada elemento existente y asignarle una posición en un contexto determinado. Para ordenar, necesitamos estar en disposición de hacerlo. Pero para estar dispuestas a hacer algo y si queremos que salga satisfactoriamente, hemos de contar con nuestra valiosa voluntad. Ese tesoro capaz de generar códigos secretos que desbloquean el acceso a nuestras reliquias mejor escondidas.
- Identificar lo que necesitamos gestionar. Como mínimo, ser conscientes de:
- nuestras capacidades
- nuestras limitaciones
- nuestras imperfecciones
- nuestras expectativas
- nuestras exigencias
- nuestras frustraciones
- el cabreo
- el tiempo
- el desengaño
- los instintos primarios de sentirnos relevantes
- nuestros principios y valores
- …
La aprehensión al trabajo personal que a veces vivimos me la imagino como la típica aversión a ordenar el trastero, que ya sea una gaveta del escritorio o una habitación entera, cuando lo gestionas te sientes satisfecha. Y ya sabemos que la satisfacción revitaliza la autoestima.
En fin.
El otro día en una conversación entre amigos, dialogamos sobre el rechazo generalizado hacia los libros de autoayuda. Nos reímos mucho con las anécdotas de cada uno. Y concluimos con la afirmación de que obviamente hay libros buenos y otros que no están bien escritos o bien documentados, pero cualquier herramienta que nos ayude a entrenar la voluntad de ayudarnos a nosotros mismos puede ser de gran utilidad para crecer personalmente.
Al final, se trata de ser conscientes de que si queremos vivir un poquito más y mejor, las emociones hemos de identificarlas, sentirlas, liberarlas, reflexionarlas, entenderlas, ubicarlas, aceptarlas… y apreciarlas.
Imagen: Mehdi Sepehri
Editado por última vez: 14.04.2022
Mili
Que grande eres hija!!!!
Sería precioso poder identificar las emociones.
Estamos aprendiendo a hacerlo. Tú nos enseñas cada día.
Como tú bien dices, cualquier herramienta es buena si se sabe utilizar, un paseo, leer un libro, mirar el mar sin hablar, y sobre todo sentirte bien contigo misma, creo que es una de las cosas más importantes, aceptarte y aceptar a los demás tal como son.
Te quiero hasta el infinito y más allá, mi estrellita preciosa?♂️??