Hacer las cosas bien desde el principio. La importancia del lenguaje.

La mayoría de los problemas con los que lidiamos en nuestra actividad diaria, ya sea personal o profesional, trata de pequeñas reivindicaciones que sentimos el deber de hacer. Éstas suelen tener que ver con algunas cuestiones que consideramos esenciales “para que todo vaya bien”. Además, todo ello desde una perspectiva individual y propia, que a la vez tiene en cuenta al colectivo, a las personas de nuestro entorno.
¿Y qué es bien? Puede ser muy subjetivo y a la vez muy amplio, pero en este contexto me gustaría enfocarnos hacia los conceptos de bienestar, bienvivir, bien pensar, bien sentir, bien cuidar, bien común y bien querer.
Si partimos de la premisa de que el lenguaje forma parte de la construcción del pensamiento, hemos de darle importancia al poder que tienen nuestras palabras. Ya sean escritas, leídas, habladas, escuchadas o interpretadas.
El lenguaje, con todas sus herramientas, es lo que nos identifica como especie. Y nos relacionamos con nuestro entorno mediante el lenguaje establecido en la comunidad que vivimos. Pensemos en todas las dimensiones de comunidad: familiar, vecinal, ciudadana, regional, continental, planetaria.
Todo está lleno de signos de comunicación, con su significante, significado y referente
El significante es lo que percibimos con los sentidos. El significado es la idea o el concepto que asociamos a lo que percibimos. Y el referente es el elemento que asociamos a la realidad que evoca el signo.
Estos signos requieren de mediación; es decir: de un elemento que funcione como canal para hacer llegar el mensaje de un lado a otro.
Son signos de comunicación desde los números de nuestra vivienda hasta la foto que colgamos de la pared del salón, pasando por las señales de tráfico, las vallas publicitarias, los carteles identificativos, el documento nacional de identidad, el informe médico, el curriculum vitae o la justificación de una necesidad para recibir financiación económica.
La mayoría de las veces existen códigos asumidos e incuestionables.
Otras veces, hay códigos asumidos que son cuestionables.
Pero en algunas ocasiones, los códigos no se asumen y se terminan descartando.
Las razones que explican cada caso no son para profundizar ahora, pero sí me interesa depositar la atención en la magnífica oportunidad que aparece cuando se detecta un mal funcionamiento de algo. Especialmente si hablamos de los instrumentos que disponemos para comunicarnos.
Cambiémoslo. ¿O qué? ¿Le dejamos el marrón a quien venga detrás? ¿Seguimos asumiendo el error como la esquina del trastero que no queremos mirar porque no nos apetece ordenar? ¿Cuándo es el momento de intervenir? Yo creo que al principio. Porque si no lo has resuelto, cuando llegues al final te acordarás.
Una reivindicación conseguida equivale a una maratón ganada
Después de muchas observaciones, tengo la intuición de que uno de los problemas troncales de nuestra sociedad se encuentra en la comunicación de las personas, sea cual sea el grado de relación. Podemos estar hablando de una relación de hermanas como de aquélla que se produce entre un espectador y cualquier canal de comunicación, independientemente de su tipo.
Desde mi punto de vista, considero que reconocer los errores, corregirlos y repararlos es el fundamento para la transformación, tanto individual como social e institucional.
Pero mira que nos resistimos.
Me refiero a reconocer los errores, tanto los propios como los ajenos, asumiendo las consecuencias de unos y de otros, y seguir adelante, aprendiendo.
Ejemplos de resistencias a reconocer la necesidad de un cambio:
- “Eso siempre se ha hecho así”. Aunque tú sepas que es que no se ha planteado ninguna revisión previamente.
- “Pasar por el aro es de inteligentes”. Aunque tú sepas que lo valiente sería decir un NO rotundo y firme.
- “Es que no estaba previsto y si lo cambiamos ahora se van a complicar las cosas”. Aunque tú sepas que todo es ponerse y que con intención todo se resuelve.
- “Es que me lo esperaba diferente y ahora tengo dudas”. Aunque tú sepas que la decepción a veces es fruto de tu propio exceso de expectativa.
Si asumimos las correcciones de nuestros proyectos, personales o profesionales, y las vivimos como una oportunidad de enseñanza, fruto del contexto en el que estemos, nos podríamos dar con un canto en el pecho como aspirantes a ser felices. Porque hoy en día nuestro contexto es más VUCA* que nunca. Así que si asumimos los errores como parte de los aprendizajes, estaremos más preparadas para aceptar la irremediable incertidumbre.
Entonces, ¿por qué relaciono el lenguaje con el término reivindicación?
Porque el éxito de nuestras reivindicaciones suele ser fruto de una comunicación efectiva. Con nosotras mismas y con otras personas. Y la comunicación siempre va a estar mediada por el lenguaje, con todo su sistema de signos.
También porque el esfuerzo que hagamos por entendernos es equivalente al gozo de conseguirlo.
Y porque la sensación de sentirnos comprendidas nos activa para continuar motivadas en nuestro día a día.
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* VUCA, en inglés, siglas de Volátil, Incierto, Complejo y Ambiguo
Imagen: Landon Martin
Editado por última vez: 14.04.2022
Regina Ruffini
Como el Primer Acuerdo: Sé impecable con tus palabras, me encanta!
Sandra
¡Y a mí me ilusiona que te encante!