Y tú, ¿qué eres? Esa asfixiante necesidad de etiquetarnos

Si alguna vez has asistido a algún taller o dinámica de grupo, casi siempre la primera pregunta que se nos hace es quiénes somos.
Como soy de la generación del 84, fui entrenando la competencia de la iniciativa emprendedora, para afrontar la crisis del 2010. Claro que eso yo no lo sabía. Lo de que iba a venir una crisis, digo.
Mi madre siempre decía: “Es que Sandruchi es muy emprendedora”. Y eso para mí tenía un significado de fortaleza, de espíritu de lucha y de metas claras. Entonces no se sabía que el carácter emprendedor se consideraría a los pocos años, en muchos entornos, como una profesión.
Volviendo a la pregunta de arranque de las dinámicas de grupo bien conducidas, cuando se nos pregunta quiénes somos, tendemos siempre a argumentar aquello a lo que nos dedicamos. Sintiendo la necesidad imperante de definirnos a través de lo que hacemos. Esto me ha pasado sobre todo en aquellos contextos más relacionados con el mundo del networking y los contactos profesionales. Tienes pocos minutos para venderte. Y el entorno lo requiere.
Todavía recuerdo cuando decidí tomarme un descanso de tanto evento encuentro reencuentro. En muchas ocasiones me veía representando a una empresa o a una marca. Me preguntaban quién era yo. Y quería explicar, en cinco minutos, que había estudiado Biología, que me había especializado en Biotecnología de la Reproducción Humana Asistida, que tenía una gran vocación docente, que me pilló la crisis del 2010 en Lisboa con una beca de prácticas dirigida a profesionalizar mis estudios. Que había trabajado en el laboratorio de embriología y andrología de uno de los centros de referencia del mundo en el campo de la Medicina Reproductiva. Que decidí abandonar mi profesión por un problema de salud que tardó mucho tiempo en ser diagnosticado; y que había iniciado un camino en el sector de la formación para el empleo y el emprendimiento, gracias a una orientadora laboral excelente que tuve mucha suerte de encontrar. Por eso estaba allí, representando a x o y marca, porque en esas empresas había encontrado herramientas para propiciar un cambio de modelo de enseñanza-aprendizaje. Hoy en día, consolidado este ámbito como sector de la innovación educativa. Por aquellos años el panorama en Canarias estaba con una tasa total de desempleo de un 28.8 %. Diez años para reducir diez puntos. A ver si ahora, en esta crisis, lo hacemos todo un poquito mejor.
Inhala. Exhala.
Al final, para presentarme tiraba de etiquetas: gestora comercial, export manager, gestora de proyectos, intraemprendedora, emprendedora, consultora de innovación, bióloga reinventada, todoterreno, facilitadora, dinamizadora, técnico, agente de cambio, organizadora, co-organizadora, docente, redactora, editora, coordinadora, asesora, comunicadora, asistente, apoyo. ¿Apoyo? Perdona, pero no. Yo quiero que se me llame METODÓLOGA. Sí, palabrota. Me da igual. Antes tampoco existía influencer ni co-gobierno ni desescalada ni nueva normalidad.
Desde entonces y hasta ahora ha llovido poco, porque estamos en estado de emergencia climática y hay sequía. Pero a mí me han caído un montón de limones del cielo y he tenido que aprender a hacer limonada, prácticamente todos los días. Con hielo, canela y hortelana.
Es un hecho. Nos etiquetamos y etiquetamos. Por ser prácticas. Por reducir el tiempo de exposición. Por evitar profundizar. Y porque la homogeneidad es más fácil de sistematizar.
Al final es como lo del fantasma de la ex novia. Si no aceptas su existencia, es que la ex novia eres tú.
Lanzo una reflexión a modo de conclusión.
Desde un punto de vista subjetivo, mi reflexión sobre por qué a algunas personas nos cuesta tanto definirnos en un momento dado es porque esto requiere de un ejercicio de autoestima. De humildad. De aceptación. De autoamor. De autoconocimiento. De cero expectativas… Y de un poquito de descontrol. Todo ello, en mi opinión, es bastante desafiante. ¿Qué piensas tú?
Con una perspectiva algo más objetiva, quizás deberíamos revisar cuáles son los modelos que utilizamos como referentes para construir nuestra identidad. Ahí podemos encontrar patrones. Y en los patrones, casi siempre, está la respuesta.
Sería interesante diseñar los caminos que nos ayudan a crear nuestra propia identidad, que es única, diversa, cambiante y no tiene etiqueta que segregue.
Lo podemos hacer desde el hogar y luego llevarlo al trabajo o a la escuela.
Es un camino de ida y vuelta.
Imagen: Wolfgang Hasselmann
Editado por última vez: 14.04.2022
Bea
Además de metedóloga eres pura inspiración! Cuando te conocí, la primera pregunta que lanzaste fue justo esta. Yo conseguí esconderme y me libré de responder en voz alta. Ahora me toca reflexionar para que cuando vuelvas hacer la pregunta no me tenga que esconder. Mil gracias por despertar conciencias!
Sandra
Me sorprende que te escondas, porque eres una persona extraordinaria. ¡Tú sí que inspiras! Con tu alegría vital y tu mundo lleno de color. Me encanta que nos hayamos encontrado en el camino. Sigamos dando pasos =)